Imagen: Fabricio Trujillo Joe Bloggs se sentó frente a su portátil nuevo, pulsó el botón de encendido y esperó. Le había costado una buena suma, pero bien lo merecía: había tenido su dispositivo anterior durante casi seis meses. Mantenerlo más tiempo seguro que le costaría aparecer en un registro en algún sitio. Eso nunca era bueno. Aún peor era estar en posesión de una máquina más allá de su periodo legal de uso, una violación de la RA1011. Eso era aterrador. Tras 30 minutos de vídeos promocionales, el ordenador llegó a la pantalla de inicio. Pasó la tarjeta y le cobraron 25 dólares por abrir el escritorio. Aunque sí era verdad que tenía que pasarla una sola vez. En cada una de las siguientes sesiones, el importe se le cargaría automáticamente en cuenta. Lo mismo ocurría con las aplicaciones. Algunas eran más baratas que otras. Abrir Wowser costaba solo 50 céntimos, porque era la puerta de entrada al World Wide Market. En la red, cada sitio ya tenía su propia tarifa de acceso: las…
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